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La diabetes mellitus es una enfermedad crónica, de diferentes etiologías, cuya característica principal es la hiperglucemia que resulta de un déficit en la secreción y/o acción de la insulina para incorporar la glucosa plasmática hacia el interior de las células. La hiperglucemia crónica puede condicionar, a largo plazo, el desarrollo de nefropatía, retinopatía, neuropatía y complicaciones cardiovasculares, lo que determina una alta morbilidad y mortalidad de los pacientes diabéticos respecto de la población general.

La diabetes tipo 1 (insulinodependiente) es de etiología autoinmune y se caracteriza por la destrucción de las células ß pancreáticas, produciendo un déficit absoluto de insulina. El tratamiento clínico estándar consiste en la aplicación de insulina exógena, pero en un número importante de pacientes y debido a la dificultad en lograr un control metabólico preciso, se asocia con complicaciones graves del sistema cardiovascular, renal, la retina y los nervios periféricos. Por otra parte, los esquemas de tratamiento con insulina más estrictos, orientados a prevenir esas complicaciones, a menudo se asocian con hipoglucemias con riesgo de vida. Esto motivó el desarrollo de otras alternativas de tratamiento, como el trasplante de células productoras de insulina. Este procedimiento puede realizarse en dos modalidades: como páncreas entero (órgano vascularizado) o como islotes pancreáticos (obtenidos luego de una digestión enzimática del órgano). La modalidad más extendida y que muestra los mejores resultados funcionales es el trasplante de páncreas entero, con supervivencias para el paciente y el páncreas de 94% y 87% a un año, respectivamente. A cinco años, estos valores llegan a 89% y 76%, respectivamente.

En relación con el trasplante de islotes pancreáticos, el índice de insulinoindependencia a un año es menor que el 50%, y a cinco años, alrededor del 10% en los centros de mayor experiencia.

Los mejores resultados con esta modalidad de tras- plante se obtuvieron con la inyección sucesiva de islotes pancreáticos de diferentes donantes y terapia inmunosupresora exenta de corticoides (Protocolo de Edmonton). Sin embargo, la escasez de órganos por un lado, y el hecho de que cada implante de islotes de otro páncreas aumenta las posibilidades de rechazo inmunológico, hace que este tratamiento se vea limitado a centros de alta experiencia y pacientes muy seleccionados. Asimismo, las drogas inmunosupresoras que deben administrarse de por via, pueden producir efectos no deseados en el organismo. De manera que, por el momento, el trasplante no ha dado una solución definitiva para el tratamiento de la diabetes.

Una característica distintiva de la diabetes tipo 1 es la destrucción de un grupo específico de células: las células beta pancreáticas. Por lo tanto, podría ser tratada mediante una terapia celular, utilizando células madre con capacidad de diferenciarse en células productoras de insulina. Esta alternativa se plantea como una estrategia sumamente atractiva.

Por otro lado, se ha observado que un tipo de células madre, las células madre mesenquimales, son capaces de modular la respuesta inmune del huésped luego de ser trasplantadas. Este fenómeno podría contribuir a que, una vez trasplantadas, las células madre puedan sobrevivir y funcionar por un tiempo prolongado.

En la presente revisión, enfocaremos los avances de las investigaciones a partir de células madre y diabetes. La medicina regenerativa no sólo plantea la utilización de células madre, sino que también propone la posibilidad de utilizar factores tróficos que serían capaces de estimular a las propias células madre de cada parénquima.

Plasticidad de las células madre

Las células madre son capaces de dividirse indefinidamente y diferenciarse a distintos tipos de células especializadas, no sólo morfológicamene, sino también en forma funcional. Se pueden clasificar según su potencial capacidad de diferenciación en: células madre totipotenciales, que son capaces de producir tejidos embrionarios y extraembrionarios, generando células de cualquier tejido del cuerpo. Esta capacidad solo la presentan el cigoto o las células embrionarias primarias. Las células madre pluripotenciales tienen la capacidad de diferenciarse a tejidos procedentes de cualquiera de las tres capas embrionarias. Se considera que las células madre embrionarias, las cuales se obtienen de la masa celular interna del blastocisto (embrión en el día 5, antes de la implantación) poseen esta capacidad y también las células pluripotentes inducidas (iPS). Por último, las células madre multipotenciales son capaces de diferenciarse a distintos estirpes celulares procedentes del mismo tejido o de otro, pero no de todos los tejidos del organismo. Algunas tienen la capacidad de reactivar su programa genético como respuesta a determinadas señales de estimulación y dar lugar a ciertos linajes celulares posibles. Aquí entran en juego las células madre somáticas, aunque se han descubierto que algunas poseen pluripotencialidad. Existen diferentes sitios de donde es posible obtener células madre adultas. Las células pluripotenciales inducidas se obtienen a partir de broblastos inducidos con ciertos factores de nidos, como el factor de transcripción unido al octámero 4 (OCT4), SOX2 combinado con Kruppel-like factor 4 (KLF4), pro- teína Myc proto-oncogen, (c-Myc), NANOG, entre otros. La utilización de oncogenes plantea el potencial riesgo de que estas células puedan formar tumores. Otros investigadores utilizaron retrovirus o lentivirus con la inserción sólo de los genes OCT4 y SOX2, pero aquí se observó en algunos casos la integración del genoma viral provocando un incremento en la tumorogénesis. Recientemente se utilizaron plásmidos, sin observarse –hasta el momento no se han comunicado– inconvenientes en la construcción genómica. Estas células podrían ser una nueva alternativa para disponer de células pluripotentes, con la ventaja de no presentar restricciones para su obtención y utilización, comparadas con las células embrionarias, cuyo uso amerita un debate ético aún no concluido.

Células madre mesenquimales

Las células madre mesenquimales (MSCs) pertenecen al grupo de células madre multipotenciales con capacidad de diferenciarse en células de origen mesodérmico (osteocitos, condrocitos y adipocitos). Este es, según la Sociedad Internacional de Terapia Celular, uno de los criterios que definen a las células mesenquimales, junto con la adherencia en cultivo, la expresión de antígenos CD73, CD90 (Thy-1) y CD105, y la ausencia de antígenos hematopoyéticos como CD34, CD45 y marcadores de monocitos, macrófagos y linfocitos B.

Se las pueden denominar de diferentes maneras: células de estroma medular, unidades formadoras de colonias broblastoides, precursores estromales o células adultas progenitoras multipotentes o MAPCs (multi-potent adult progenitor cells).

La médula ósea es la principal fuente para su aislamiento. También se han podido obtener de tejido adiposo páncreas, hígado, músculo esquelético, dermis, membrana sinovial, hueso trabecular sangre de cordón umbilical, tejido pulmonar, pulpa dental y ligamento periodontal.

En modelos experimentales se ha observado que son capaces de regenerar tejido deteriorado o lesionado, tales como cartílago hueso, tejido hepático o miocárdico, y también de modular reacciones inmunes en colagenopatías esclerosis múltiples y trasplantes de médula ósea.

Autoinmunidad y células madre

No sólo se pretende utilizar las células madre como alternativa de terapia celular en la enfermedad diabetes tipo 1, obteniendo células capaces de producir insulina frente a estímulos de glucosa, sino también para evitar la respuesta inmune tanto en términos de autoinmunidad como en el rechazo de trasplantes alogénicos. Se encuentran en estudio varias terapias en la modulación inmunológica, como es el caso de anticuerpos contra CD3 (parte del complejo receptor de células T), en las que estudios clínicos previos mostraron que la inmunosupresión continua disminuye temporalmente, la pérdida de producción de insulina. Estos estudios sugieren que el anticuerpo monoclonal CD3 podría mantener controlados los niveles de insulina, evitando hiperglucemias e induciendo tolerancia frente a la enfermedad. También se realizaron estudios con proteínas de choque térmico y globulina policlonal de conejo anti células T . Todos estos estudios dieron como resultado una efectividad en la preservación de la funcionalidad de las células β a corto tiempo, por lo que pocos pacientes pudieron dejar de utilizar insulina subcutánea.

Las células mesenquimales, en distintos ambientes, producen un gran espectro de factores de crecimiento, induciendo efectos interesantes en ellas. Algunos factores solubles se han de nido como mediadores hematopoyéticos o neuroprotectores. Además, en estudios en los que se expuso in vitro células MSC a extracto de tejido pancreático de rata, se observó la liberación de factores antiapoptóticos y angiogénicos. Esto no ocurrió en los controles no expuestos al extracto, sugiriendo que las primeras eran sensibles al microambiente regenerativo del páncreas y que eran capaces de responder con un aumento considerable de la producción de citoquinas angiogénicas y antiapoptóticas, tales como VEGF, IGF-I y bFGF.

Por lo tanto, las células madre mesenquimales no sólo poseen capacidad de diferenciarse a distintas estirpes celulares, sino también de suprimir respuestas de células del sistema inmune, como células T, B, dendríticas y células NK (natural killer), además de reducir la producción de citoquinas in amatorias.

De acuerdo con estas observaciones, sería posible que las células madre mesenquimales protejan a los islotes alogénicos trasplantados de dos fenómenos inmunológicos deletéreos: la activación de las células T alorreactivas por un lado, y la recurrencia de daño por autoinmunidad mediante células T persistentes, por el otro.

En un estudio reciente, Ding et al. observaron en un modelo murino de trasplante de islotes alogénicos con implante de MSC en el mismo sitio, fenómenos de protección inmunológica con producción de matriz metaloproteinasa-2 y -9, que impide la activación y expansión de células T alorreactivas. Estos ratones lograron también glucemias normales por tiempo prolongada.

Las células madre mesenquimales, por lo tanto, no sólo poseen capacidades multipotenciales, sino también inmunomoduladoras, y de producción de agentes proangiogénicos. Estas capacidades permiten pensar en una nueva era para la medicina regenerativa, donde las células madre se podrían obtener de un paciente, expandirlas in vitro y trasplantarlas en el mismo paciente sin correr el riesgo de rechazo inmunológico.

Factores como estimulantes de la diferenciación

El péptido similar al glucagon tipo 1 (GLP-1) es una incretina que se une a los receptores GLP-1 en la superficie de las células β. Estos receptores están combinados a una vía de traducción de señal que, cuando está activada, produce un aumento en la biosíntesis y secreción de insulina. La activación del receptor GLP-1 también da como resultado la expresión de un gen específico y productos proteicos que aumentan la proliferación de células β y reduce la apoptosis de las mismas.

Además de aumentar la producción de insulina, el GLP-1 tiene efectos sobre la secreción de glucagon, disminuyéndolo, y sobre el vaciamiento gástrico, enlenteciéndolo.

La vida media del GLP-1 es muy corta, ya que existe una proteasa, dipeptidil peptidasa IV (DPP-IV), la cual divide el N-terminal del GLP-1 y el péptido inhibitorio gástrico (GIP) minutos después de su secreción, inactivándolos. Por lo tanto, se han buscado alternativas para obtener incretinas capaces de no ser degradadas por DPP-IV, obteniendo una vida media mayor.

La utilización de este tipo de incretinas sintétics, se plantea como alternativa para pacientes con diabetes tipo 2, ya que en esta enfermedad existe una disminución o ausencia de GLP-1. La administración exógena de este péptido ha logrado mejorías del control glucémico y del glucagon, además de una disminución del peso corporal.

Exenatida

En 1992, Eng et al lograron aislar el exendin-4, un péptido de 39 aminoácidos con un 52% de similitud aminoacídica con GLP-1, en la glándula salival del lagarto Heloderma suspectum (monstruo de Gila). Se encontró que exendin-4 tenía una gran potencialidad como agonista del receptor de GLP-1 en células β pancreáticas.

A partir de estas observaciones, se sintetizó un péptido de la misma cantidad de aminoácidos, estructuralmente idéntico a exendin-4 natural y que además posee la propiedad fundamental de ser resistente a la inactivación por la DPP-IV.

Con la utilización del péptido, varios estudios pudieron observar una mejoría de la función de las células β y del control de la glucemia en pacientes con diabetes tipo 2.

Liraglutida

Es un análogo de GLP-1, con una analogía del 97% en la secuencia lineal aminoacídica con respecto al GLP-1 humano. Posee una vida media entre 10 y 14 horas, la cual es más prolongada que la de GLP-1 y exenatide. Esta molécula posee una cadena de ácidos grasos que da resistencia a DDP-IV y permite una unión no covalente a la albúmina.

En un estudio de pacientes con diabetes tipo 2, se observó que una sola dosis de liraglutida resultó en la restauración de la sensibilidad a la glucosa de las células ββ. Diferentes estudios posteriores pudieron corroborar que es su ciente la administración de una sola dosis diaria de liraglutida para lograr los mismos resultados.

A partir de la obtención de estas incretinas sintéticas, distintos grupos de investigadores las han utilizado como factor de estimulación y protección de diferentes tipos celulares, tanto islotes pancreáticos como células madre.

Obtención de células productoras de insulina a partir de células madre

Hasta el momento, varios investigadores han observado la aparición de acúmulos celulares (clusters) con el uso de exenatida en cultivos de células madre mesenquimales. Adicionalmente, se ha observado que las células mesenquimales provenientes de médula ósea murina forman estos acúmulos al ser estimuladas por exenatida y nicotinamida en presencia de altas concentraciones de glucosa (23 mM/l). Otros investigadores, utilizando células mesenquimales de sangre de cordón umbilical humano, lograron obtener clusters de células productoras de insulina por medio de la estimulación con exenatida y la adición de un gel de matriz extracelular en las placas de cultivo. Es importante destacar que en todos los trabajos anteriores se observó la expresión de los genes PDX-1, INS I, INS II.

PDX-1 está implicado en las primeras fases de formación y desarrollo del páncreas, así como en el control de la expresión del gen de la insulina (INS I e INS II) en células β maduras.

También se realizaron estudios donde se adicionaron, a cultivos de células de médula ósea de ratas, compuestos que incrementan la expresión de factores de transcripción y crecimiento, dando como resultado la formación de acúmulos celulares que respondían a estímulos de glucosa, produciendo insulina. Cuando estos clusters fueron trasplantados en ratones y ratas diabéticas se observó que tanto la producción como la secreción de insulina fue restaurada. Se pudo observar que los animales volvieron a ser diabéticos cuando las células diferenciadas fueron retiradas, dando la pauta de que los clusters eran los responsables de la mejoría observada. Otro grupo de investigadores, obtuvo los mismos resultados, pero se diferenció en que realizaron el cultivo con extractos de páncreas, el cual fue removido luego de dos días; no se conoce aún cómo funciona el extracto, pero es probable que se hayan liberado factores naturales de diferenciación y estimulación, los cuales podrían ser bene ciosos en la maduración de las células diferenciadas.

Además de las células obtenidas a partir de la médula ósea, también fue posible observar estos resultados con células mesenquimales de cordón umbilical y de tejido adiposo. Estas últimas podrían representar una fuente prometedora de células para la obtención de células productoras de insulina en un trasplante autólogo. En un estudio publicado en 2009, Kang y col. lograron diferenciar con éxito células mesenquimales aisladas de la grasa de ojo humano, en células secretoras de insulina. Estas células fueron trasplantadas en ratones diabetizados con streptozotocina, obteniendo glucemias normales por más de 60 días.

Hasta el momento, dos grupos de investigadores realizaron trasplantes de células madre en humanos, por medio de infusión intravenosa sin diferenciación previa in vitro.

En uno de estos trabajos, se realizó un trasplante autólogo (células obtenidas del mismo paciente) de células provenientes de la médula ósea. Se seleccionaron pacientes con menos de 8 semanas desde el diagnóstico de la diabetes y se les administró, además, una terapia de inmunosupresión a altas dosis previamente a la infusión de las células. La inmunosupresión con ciclosporina o

azatioprina en etapas tempranas de la enfermedad, en las que aún existen células β productoras de insulina, puede preservar su función por un tiempo más prolongado.

Otro grupo utilizó células madre provenientes de cordón umbilical seleccionando pacientes que hubiesen preservado la sangre de su cordón. En este estudio, se trasplantaron niños de entre 3 a 7 años con diabetes tipo 1 de reciente diagnóstico. Hasta el momento, ninguno de estos trabajos pudo mostrar que las células madre logren suprimir totalmente el uso de insulina exógena. Sin embargo, se observó en algunos casos una disminución de las dosis diarias de insulina. En el caso de la infusión de células provenientes de sangre de cordón, la caída en la producción de insulina propia fue más lenta que en los niños que no recibieron el trasplante, sugiriendo que las células β de los niños trasplantados tenía una mayor supervivencia.